Miedo
El origen del miedoEl origen del miedo está en nuestras propias mentes incontroladas o engaños.
Algunos miedos surgen del apego, como el que tenemos cuando vamos a separarnos de algo o alguien que pensamos que necesitamos para nuestra seguridad o felicidad. Otros surgen del odio y el enfado, y son debidos a nuestra sensación de estar amenazados por los demás. Esta es la razón de que nos enfademos y tratemos de separarnos de ellos.
La ignorancia del aferramiento propio es la raíz de todos los engaños y, por lo tanto, el origen de todos los miedos. Esta mente desconoce el modo en que existen los fenómenos y se aferra a nosotros y al mundo que nos rodea como si fuéramos reales, con existencia inherente e independientes de nuestra mente.
Para eliminar la ignorancia del aferramiento propio, Buda enseñó la verdad de la vacuidad. Aunque este tema es muy profundo, podemos tener una visión general considerando los sueños.
Al igual que el miedo y el sufrimiento que experimentamos en una pesadilla se deben a que no somos conscientes de que estamos soñando, el miedo y el sufrimiento que experimentamos en la vida se deben a que no somos capaces de percibir la verdadera naturaleza de nuestro mundo y de nuestras experiencias.
El mundo no existe separado de nuestra mente. El origen del miedo está en la convicción de que las cosas existen «ahí afuera», independientes de nuestra mente. Cuando comprendamos que todos los fenómenos son proyecciones de la mente, al igual que los objetos en un sueño, todos nuestros miedos y problemas desaparecerán.
Sufrimos porque estamos dormidos y perdidos en nuestros sueños, y sólo dejaremos de hacerlo cuando despertemos y veamos las cosas tal y como son en realidad. El propósito de todas las enseñanzas de Buda es ayudarnos a despertar.
Supongamos que la noche pasada soñamos con un tigre que nos perseguía. Mientras soñábamos, el tigre parecía existir por su propio lado y, por esta razón, teníamos miedo y corríamos para intentar escapar de él. Teníamos la sensación de que éramos perseguidos por un tigre real y no nos dábamos cuenta de que sólo era una apariencia de nuestra mente. Sin embargo, cuando nos despertamos, comprobamos que el tigre no existía por su propio lado en nuestra pequeña habitación y el miedo se desvaneció.
El tigre cesó en cuanto lo hizo la mente del sueño. Lo mismo se puede decir del mundo que experimentamos cuando estamos despiertos. Aunque parece sólido, real e independiente de nuestra mente, en realidad es tan insustancial como un sueño.
Un sueño es una apariencia errónea que surge de la mente onírica. Es errónea porque mientras estamos soñando, el mundo onírico parece existir por su propio lado, independiente de nuestra mente, cuando en realidad no es más que una mera apariencia.
Todos los fenómenos en el samsara, nuestros cuerpos, disfrutes y el mundo que nos rodea son iguales que los objetos oníricos. No son más que apariencias erróneas que surgen del sueño de la ignorancia. Los objetos parecen existir por su propio lado, fuera de la mente, y somos engañados por su apariencia.
Cuando un objeto desagradable, como un enemigo, aparece en nuestra mente, consideramos que esta apariencia es real, que este enemigo existe de manera externa y, por lo tanto, reaccionamos con hostilidad; y cuando aparece un objeto agradable, como una persona atractiva, somos engañados del mismo modo y respondemos con apego. Somos totalmente engañados por las apariencias y no cuestionamos su validez ni por un momento.
Si analizamos las apariencias, descubriremos que no son más que eso: meras apariencias en la mente, sin ningún objeto real que las respalde. El enemigo contra el que combatimos o del cual huimos no es más real que un tigre onírico y no tiene más capacidad de perjudicarnos que este. Y la persona atractiva a la que tenemos tanto apego es como un amante onírico, una mera apariencia que surge como una ola en el océano de nuestra mente y que luego se desvanece.
Este tema es muy profundo y difícil de comprender. Para mayor información, puede consultar los libros Transforma tu vida, Corazón de la sabiduría y El camino gozoso de buena fortuna.
Además, puede encontrar maestros cualificados que imparten enseñanzas a partir de su propia experiencia en cualquiera de los más de seiscientos centros de budismo kadampa alrededor de todo el mundo.
Clases de miedoExisten dos clases de miedo: el impropio y el apropiado. También se puede dividir en miedo a lo inevitable y a lo evitable.
La clave para tratar con el miedo es analizar qué clase de miedo tenemos y transformar los miedos impropios a lo que no podemos cambiar en miedos apropiados a lo que sí podemos cambiar. Entonces, debemos utilizar estos últimos como motivación para refugiarnos en las Tres Joyas y evitar las dificultades, e incluso finalmente lo que en este momento parece inevitable, como las enfermedades, el envejecimiento y la muerte.
Es necesario que nos preguntemos a qué tenemos miedo. Por ejemplo, ¿tenemos miedo a ponernos enfermos? Puesto que en la actualidad no podemos elegir nuestro estado de salud, este miedo no es constructivo. Sería más apropiado tener miedo al renacimiento contaminado y a los cuatro ríos del nacimiento, el envejecimiento, las enfermedades y la muerte, causados por los engaños.
Este miedo es constructivo y se llama renuncia, el deseo de escapar para siempre de los sufrimientos del samsara, incluidas las enfermedades. Con esta motivación es posible conseguirlo.
También es posible que tengamos miedo a la muerte. De nuevo, puesto que esta es inevitable, este miedo no es constructivo y nos conducirá a actitudes erróneas, como negar su existencia o tener la sensación de que nuestra vida carece de sentido.
Sin embargo, aunque vayamos a morir, no tenemos por qué hacerlo con una mente incontrolada. Por lo tanto, es mejor transformar nuestro miedo a morir en miedo a hacerlo con una mente incontrolada, puesto que de este modo podremos prepararnos para una muerte apacible.
O quizá tengamos miedo al rechazo. De nuevo, ¿de dónde procede en realidad este miedo? Probablemente se trata de miedo a no agradar a los demás. ¿Qué podemos hacer al respecto? Podemos cambiar nuestra manera de pensar y estimarlos. Esto está dentro de nuestras posibilidades.
Nuestro miedo al compromiso o a quedar atrapados sin poder dar marcha atrás también se puede transformar en temor constructivo reconociendo que lo que en realidad nos atrapa es nuestra propia mente.
El miedo apropiado surge al reconocer que todavía no nos hemos comprometido a escapar del samsara y nos anima a tomar la determinación de hacerlo.
En resumen, no podemos controlar el devenir de los acontecimientos, pero podemos aprender a controlar nuestra mente, actitud y conducta, y de este modo liberarnos de manera gradual de todos los miedos. Como dice Shantideva en su Guía de las obras del Bodhisatva:
«Buda, el ser apto, dice:
"Por lo tanto, todos los miedos
e infinitos sufrimientos
surgen de la mente"».
y:
«. . . no es posible
controlar todas las circunstancias externas,
pero si solo controlo mi mente,
¿qué necesidad tengo de controlar lo demás?».
Cómo superar el miedo
Con la siguiente visualización podrá reducir el miedo y la ansiedad:
- Siéntese cómodamente en una silla o en un cojín de meditación manteniendo la espalda recta y relajada, cierre los ojos y respire por la nariz con naturalidad.
- Después, intente identificar durante unos minutos a qué le tiene miedo.
- Intente reconocer sus miedos impropios, como el miedo a morir, al fracaso, etcétera.
- Utilizando su sabiduría, intente comprender que todos estos miedos surgen debido a los engaños y a las acciones perjudiciales.
- Entonces, al exhalar, visualice estos miedos junto con sus verdaderas causas, los engaños y las acciones perjudiciales, en forma de un espeso y denso humo negro. Este humo sale por su nariz y desaparece por completo en la inmensidad del espacio para no volver jamás.
- Al inhalar, imagine que aspira energía inspiradora y exenta de miedo en forma de luz blanca gozosa que procede de todos los seres sagrados y que llena su cuerpo y mente.
- Después de meditar de este modo durante unos minutos, sienta que su cuerpo y mente son completamente puros y que ha recibido las bendiciones y protección de todos los seres sagrados. Sienta su cuerpo ligero y flexible, y su mente lúcida, apacible y carente de miedo.



