5 comentariosComo Amo tienes muchas responsabilidades. Tantas como deseos hacia tu sumisa. Tantas como placeres puedes proporcionarle. Tantas como ideas te vengan a la cabeza. Tantas como maneras apuntes. Pero, de entre todas ellas, una sobresale como una llama que brilla: tienes que procurar su seguridad. Su bienestar. Su confort. En una palabra: tienes que cuidarla.
Desde el mismo momento en el que tomas el mando de una sumisa, debes ser consciente que es una persona. Una persona con su corazón, con sus defectos y sus virtudes, con sus problemas, con sus confusiones, con sus beldades y con todo lo que compone en una persona.. si eres un Amo correcto, a pesar de que ella venga a ti sin "tratar", tú no debes encajonarte en la idea de la sumisa que vas a crear y amoldar a ti, debes tener los pies lo suficientemente anclados en la tierra como para no estar pensando constantemente en como la compondrás para servirte mejor... bien cierto es que, en estos momentos, tú eres un compositor que tienes ante ti y entre tus manos una pieza sin forma. Tú debes moldearla con una mano suave y con otra firme y dura, con cariñosas palabras unas veces y con terribles otras... debes conformar todo su ser para, tras extraer del barro todo aquello que no debe componerlo, puedas formar una auténtica sinfonía preciosa, maravillosa, que será una obra única y tuya. Solo tuya. El resultado final es una mujer divina, un tesoro, una maravilla que habrá despertado al mundo con los ojos que tu hayas dibujado. Será tu mujer. Sin más.
Pero para llegar a ese resultado final hay que sufrir todo un proceso que no suele ser un camino de rosas. Hay que pisarlo con fuerza y entereza.
Cuida a tu sumisa como si fuera tu mayor tesoro, aunque tengas que ser muy duro con ella, tan exigente como ni siquiera tu podrías imaginar... si tienes que golpearla en su trasero, haz que pique, haz que duela, pero luego amaga ese dolor con una caricia suave, circular, que le demuestre que la mano que azota también es la mano que ama... se violento verbalmente con ella, pero alterna palabras de cariño entre las más duras para que sepa que tu Voz puede castigar pero también sabe acariciar... mírala heladamente cuando tengas que hacerlo, pero no te olvides envolverla en calor cuando comprenda o aprenda... guíala con una cadena corta, que la ate lo más posible a tu persona pero que le deje libertad de movimientos... que con una palabra tuya, con un gesto, ella simplemente se detenga, se mueva, hable, calle, te obedezca. En una palabra, te muestre respeto y aprenda a plegarse a ti porque es tu deseo. Y porque a ella le gusta obedecerte.
Si es díscola, traviesa, rebelde, si necesita una buena doma haz todo lo posible por que no se percate de que, de antemano, ya sabes como vas a actuar con ella; mantenla al bordes siempre, en constante sorpresa, que no pueda adelantarse a lo que tú ya has planeado para ella... hazle ver que esto no consiste en "yo soy rebelde y tu me domas" sino en "yo soy sumisa y te obedezco". "Yo soy tuya y tu eres mi Dueño". Que comprenda que todos los castigos son por su bien, que entienda que tu eres su Ley. Y que no hay nada más allá.
Se tierno, también, sin embargo. No se trata solo de que ella te obedezca porque es tu deseo, porque es lo que tu quieres y porque es lo que mandas... que no sospeche que alargas y detienes tu placer para provocar el suyo, que parezca que todo el tiempo tu deseo está antes que nada. Y si bien esto es así y es real en la mayoría de las ocasiones, muchas veces la sumisa contiene de alguna manera muy real y muy específica el deseo del Amo. Muchas veces, ella lleva las riendas.. solo que no se da cuenta.
Hazla gozar. Hazla que te goce. Hazla sentirse única, privilegiada, una princesa arrastrada por el fango... hazla tuya y que sepa que está marcada por ti. Convierte también su placer en tu placer, contén su orgasmo e impídela que se corra para luego darle el premio de no uno, sino dos, tres, cuatro... hasta muchos más. Esto te lo digo por experiencia propia... Que ella comprenda el inmenso regalo que le vas a hacer, el de llegar hasta si misma sin darse apenas cuenta que hay una mujer dentro de sí que siente tanto y tan intenso...que, en realidad, ella es lo más importante. Aunque esté arrodillada.
Vas a trastocar su vida hasta tal punto que eres completamente responsable de todo cuanto ella haga a partir de cruzar su vida contigo. Si eres el primero, mucho peor pues todo lo que suceda a partir de tí, tanto si sigues con ella como si no, afectará al resto de personas que la rodeen (esto también lo digo por experiencia propia...) Al igual que traemos hijos a este mundo y, con su nacimiento, somos responsables de su vida y de las vidas que rocen con esos hijos (su descendencia, las personas que amarán, aquellas que compartirán su vida...), la sumisa es vuestra responsabilidad porque habréis alumbrado una persona nueva. Habréis borrado todo registro, habréis impartido uno nuevo y esa persona, sea independiente finalmente o no de vosotros, caminará por la vida afectando a otras personas tras lo que vosotros hayáis hecho con ella. Este tipo de nacimiento, o de alumbramiento, es exclusivamente responsabilidad vuestra por ser, precisamente, obra vuestra.
Sed buenos Amos. Sed Amos justos. No seáis Amos caprichosos, ni simplemente uséis a vuestra mujer como un objeto.. acariciad con la voz, castigad con la mano, premiad con la mano, amad con la voz... siempre alternando. No olvidéis la famosa frase: "la mano que mece la cuna es la mano que domina el mundo"... vosotros tenéis un mundo ante vosotros que se conforma como mujer expectante, ignorante en el tema la mayoría de las veces pero inteligente, preciosa, única, porque no hay otra como ella. Al igual que vosotros mismos: sois y seréis siempre, como antes habéis sido, los que ordenáis que hay que hacer aunque, paradójicamente, no os mostréis... sois lo que estáis tras todo lo que se trama.
Hace mucho calor ahora mismo y yo estoy mirando por la ventana, un cielo precioso se extiende ante mí... estoy tomando helado de dulce de leche, y es extraño porque no me gusta el helado... pero hoy lo necesitaba. Un buen Amo es como el dulce de leche: textura suave, fuerte, ambivalente (curiosa palabra que significa "posee una determinada valencia": el uno y el otro lado)... es dulce y consistente al mismo tiempo, y se desliza por la garganta como oro líquido. Todas las sumisas vamos en busca de ese Amo perfecto que toque una sinfonía de olores, sabores, texturas, sonidos, sentimientos, sensaciones, en nuestra piel hasta que reventemos de placer... todas las sumisas queremos saber, tenemo dudas, estamos ansiosas en cierto punto y necesitadas en cierto punto también de una mano fuerte y firme, pero tierna, que conduzca. ¿Qué mejor placer para nosotras...? Así que sed buenos, por favor. Sed honestos, sed duros pero sed comprensivos. Muy compresivos. Lo necesitamos.
Y, sobre todo, haced que duela. Pero que duela de verdad...
¿Quien puede detener un tornado? ¿Quien puede modificar su forma, su estructura, su naturaleza... quien puede detenerlo? ¿En la forma que sea? Yo se la respuesta.
Nadie.
Un tornado es lo que es, y punto. Es como la naturaleza del escorpión: no puede evitar picar, incluso aunque sea a si mismo... aunque conlleve la muerte en ello. Es un escorpión. Punto. Y el tornado es un tornado: punto.
Yo tuve la gracia (o la desgracia, a saber) de toparme con un tornado. Uno que me sacudió de tal manera que creo que perdí la piel Hala, fuera la piel perdida: nunca recuperada. Ahora hay que fabricar otra piel. ¡Allá va Fleure!! ¡A por una nueva piel para volverse camaleónica de nuevo...!
Chicas, si os encontráis un tornado mi primera y más principal recomendación es que no os crucéis con él: pasad de largo. Escondéos tras una valla, bajo una madera, lo que sea... pero por Dios no os crucéis con él. En serio os lo digo. ¿Quereis veros sacudidas hasta tal punto que perdáis vuestra identidad?? Lo malo de los tornados no es solo eso sino que, además, luego no volveréis a encontrar jamás esa fuerza que os sacude y os hace vibrar, que os estremece y os depoja de todo lo que sois vosotros... y lo añoraréis. Querréis ser sacudidas, vibradas, estremecidas y despojadas de todo lo que seáis vosotras. Y admitamoslo, queridas: en España no hay muchos tornados dispuestos a estremecernos...
Un tornado no puede evitar ser lo que es; a nacido para eso y como tal hay que admitirle. Asumirle. Aceptarle. Ir contra la corriente del tornado implica que acabarás dando vueltas sobre ti misma mientras él se mantiene erguido sobre ti. Y puede ser que te sacuda y te haga vibrar para que reacciones... o puede que no. Como tornado que es, se irá para volver... cuando le de la gana. Como si no vuelve nunca. Como si no te deja en horas y horas. Es todo lo que es: un tornado.
Punto.
Y os aseguro que si os tropezáis con uno y os rendís a su fuerza, hasta los días más soleados os pareceran grises si no está la fuerza de su viento sacudiéndoos como una hojita de invierno. O de otoño. O de cualquier estación siempre que seáis una hoja. Un tornado chupa, traga, engulle y luego devuelve, pero lo que devuelve está, de alguna forma, corrompido porque lo ha marcado tanto que ninguna otra fuerza de la Naturaleza podrá modificar ese objeto.
Es así de simple.
Chicas, en serio... cuidado con las corrientes.. jijiji...
No se porqué me lo has hecho hacer, pero lo he hecho. No se porqué. Sabía que me estabas mirando, yo lo sabía.. y lo has hecho. Has hecho que mi vagina se contrajera y se expandiera con el frío y el calor al mismo tiempo... has hecho que toda yo se convulsionase mientras me ibas diciendo como entrar en mi... has hecho que mis jugos, que mis fluidos, fueran tuyos a pesar de no estar conmigo... y lo has hecho sabiendo plenamente que mi goce era tu goce porque yo gozaba obedeciéndote... y porque me moría de vergüenza porque tu sabías que yo, al mismo tiempo, era plenamente consciente de que me estabas sintiendo... y estabas sintiéndote a ti mismo mientras me sentías.. gimiendo para mi en silencio, pronunciando mi nombre, corriendote...
Mi piel estaba tan sensible que era incapaz de hacer otra cosa que reaccionar a todo cuanto me tocaba, a todo cuanto me rodeaba... solo era capaz de estremecerse, y yo intentaba retrasar al máximo posible mi liberación... y tu, mientras tanto, tan tú... entrando... entrando... entrando en mi mente, dilatando mis sentidos, expandiendo mi conocimiento para poder liberarme... y yo sabía que la rendición era la única salida... la única salida que tu querías, la única salida que yo esperaba...
Miles de picos ardiendo como frío hielo hiriendo mi interior... convulsionando dentro de mí... miles de picos ardiendo, como agujas punzantes, me precipitaron al final... ante tus ojos dejé de caminar por el borde, por el filo, y caí a lo profundo del abismo.. un grito en mi garganta, el conocimiento pleno de que en ese momento era más tuya que mía y que habías dejado tu marca en mi... el pleno conocimiento de que yo, en ese preciso instante, y para siempre, había dejado de pertenecerme: mi alma había escapado, volado hacia tí, en el fogonazo blanco de un orgasmo...
Esto que empezó siendo nada y ahora es, de pronto, tanto y tan todo...
Ella dejó que sus ojos se abrieran y parpadearan... oh, se llenaron de chispas. Oh, si, y de estrellas.
-Oh, estás aquí... -susurró, y sus dedos aletearon sobre su rostro anguloso.
El mismo rostro que vaciaba sus sueños y los llenaba de sensaciones. El mismo rostro que era un destello lejano en su corazón.
-Mi príncipe.... -musitó.
El sonrió de una forma más acentuada y luego le rozó el borde de la cara. Se detuvo en la mejilla; clavó ligeramente la uña pequeña y cuadrada hasta dejarle una marca de media luna en la piel llena. Ella parpadeó, jadeó ligeramente... hacía tanto tiempo que extrañaba su dolor... hacía tanto tiempo que extrañaba sus heridas que una simple marca, por pequeña que fuera, era tan bienvenida...
-Oh, no, querida: estás soñando otra vez -susurró con voz divertida.- Como ayer, y antes de ayer... como siempre... no estaré aquí nunca...
Nunca.
Parpadeó; su imagen se deshizo como guedejas de niebla en la mañana fría. El nunca estaría aquí, solo un trazo de su Voz a través del teléfono. Ella siempre comparaba, era inevitable.