Lo que quieras
Take anything you want from me....
anything
Los puntos son signos que te indican algo, hay que saber usarlos.
Yo pondré un punto quizás de no retorno, modesto y sencillo.
Un punto abandonado cómo al azar, para que se pierda en el inmensurable espesor de la frontera, que limita los cumulus nimbus.
De los cuatro elementos clásicos - agua, fuego, aire y tierra- me quedaría sin dudarlo con la primera, desde siempre fue mi preferida.
Por eso el río, que esta torrentoso, imponente y bello, siempre muy bello y fascinante, lo miro y siempre me gusta... esta mañana está más hermoso que nunca.
Pongo una de mis canciones favoritas cuando quiero tranquilidad, y una hermosa paz me acompaña.
Siempre pero siempre me gustaron las botas, y no creo en los estereotipos, no me parece que sólo a las dóminas les guste usarlas.
No se si será un fetiche, quizás si, mirando en mi placard la cantidad que tengo :), me gustan de cuero sobre todo de color negro, y si son taco aguja mucho más. Las que no soporto son las blancas, no me gustan para nada, y esas con flecos menos!! bueno ninguna con flecos me gusta.
Recuerdo en mi infancia cuando me compraron mis primeras botas de caño alto, me las sacaba sólo para dormir, y si podía dormir con ellas lo hacía. Por suerte en el colegio no eran estrictos con el uniforme, porque yo sin mis botas no iba a la escuela.
Realmente ahora recién me pongo a pensar que pensarían mis compañeritos al verme llegar a la escuela con esas botas, en medio del campo. :) :)

- Ven aqui, voy a tener que hacer algo que tus padres no hicieron contigo. Sos muy mal educada, contestas mal, no haces tus tareas. Es hora de remediar eso.
Tus palabras me ponen en alerta, el tono de voz es enérgico y te veo enojado, sé que soy rebelde pero no es adrede.
Me pones sobre tu rodillas, no tengo tiempo ni de protestar, agarras la ropa firmemente y me bajas un poco la bombacha.
Siento tu primera palmada la cual me hace estremecer, mis sentidos estan más que alerta, el sonido de tu mano en mi carne resuena en mis oídos, mientras escucho tus reproches: que soy una mala sumisa y que este castigo lo tengo muy merecido.
Te pido perdón, y trato de agarrar tu mano para evitar esta azotaina, la retiras bruscamente.
- No vuelvas a hacerlo, que el castigo va a empeorar si sigues con tus malos hábitos de conducta.
Me aprehendo firmemente para poder aguantar los golpes que se van sucediendo uno tras otro, cada tanto paras y pasas tu mano acariciando mi piel, la siento como un bálsamo entre tanto dolor, pero al rato sigues con tu tarea y siento el calor que empieza a invadirme.
Cuando consideras que el castigo fue suficiente, debo ir al ricón a meditar, tengo las nalgas enrojecidas, y me duelen, además ahora se suma la humillación de estar mirando contra la pared.
Trato de voltear la cabeza buscando tu mirada, pero no lo tengo permitido, quiero verte sentado cómodamente en esas silla que te sirvió de soporte mientras me propinabas los azotes. Estas tranquilo leyendo un libro, cómo si nada hubiera pasado, cómo si yo fuera parte de tu mobiliario.
