ENGAÑO.

Publicado el 4 de Septiembre de 2009

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            El ama estaba con la esclava en la sala y a mí me dijo que esperara fuera, y que no entrase hasta que oyera la campanilla llamarme.

            Sorprendentemente, al poco tiempo salió mi ama haciéndome señal de que guardara silencio. Iba con un vestido corto y unas sandalias tremendamente sexis. Tomándome de la cadena de mi cuello me hizo entrar en la sala, mientras me decía muy bajito al oído –Ahora, sin decir una palabra y sin tocarla, vas a lamerle el coñito a mi esclavita hasta que se corra. Cuidado no la he dejado lavarse desde hace tres días.

            Vi a la esclava desnuda y atada en la cruz con los ojos vendados. Me acercó y me puso de rodillas delante de ella. Mi ama acaricio los pechos de la esclava

 -¿Te gusta que te toque las tetas, zorrita?

-Si ama.

            Besándola bajo la mano hasta el sexo de la esclava y lo acarició.

            -¿Te gusta que tu ama te haga pajitas?

            -Si ama, lo adoro.

            -Recuerda lo que me has prometido.

            Diciendo esto acercó mi cabeza hasta que mi lengua pudo lamerle el coñito.

Mi ama me había engañado, la esclavita estaba recién lavada, como siempre. No cabía duda de que era de esos días en que el ama estaba bromista. Esos días podía ser muy malvada e incluso muy cruel.

El ama se coloco detrás de mí y le acarició las caderas, el vientre y las tetas. La esclava comenzó a gemir, hasta que al fin pidió permiso para correrse. En ese momento el ama le quitó la venda de los ojos.

            -Me habías prometido que solo te correrías conmigo esclavita, y querías hacerlo con el esclavo. Eres una zorrita caliente que merece un castigo.

            Mi ama me ordenó levantarme y acercarle un látigo. Se lo traje y después de sujetar la cadena de mi cuello a la cruz, de manera que yo debía permanecer arrodillado al lado de la esclava. Azotó a la esclava en los pechos y el coño.

            -Perrita caliente. Le das tu coñito a cualquiera. ¿Te gusta que te coman el coño, eh putita? Eres una zorrita que solo quiere correrse. Tu coñito y tus corridas son solo mías, esclavita.

            Yo también recibía algún que otro azote.

            -Cerdo salido ¿Te hubiera gustado comerte la corrida de la putita? ¿Cuántos coños que no sean el de tu amita te comes sin mí permiso?

            Después desató a la esclava y la hizo ponerse a cuatro patas. Y a mí me hizo ponerme en la misma postura detrás de ella.

            -Huélele el coñito como un perrito a la perrita.

            El ama se sentó en una silla e hizo gatear a la esclava hasta ella. Yo la seguía con mi nariz pegada a su sexo.

-Bésame los pies, esclavita.

La esclava los besó y al agachar su cabeza dejó su culo y su cóño expuestos ante mí.

            -Bésale las nalgas y el coñito a la perrita.

            Besé su redondo culito, los labios de su vulva y comencé a darle lametones. Mientras tanto el ama ordenó a la esclava que la descalzara y lamiera sus pies. Yo seguía lamiendo y comenzó a gemir levemente.

            -¿Te estás poniendo caliente otra vez, esclavita?

            -Si ama, no puedo evitarlo. El cerdo del esclavo está metiéndome su lengua en el coñito y está intentando que me corra.

            -Y a ti te gusta putita.

            -Soy una zorra caliente y me gusta, pero prefiero que sea mi ama quien me dé gusto.

            El ama metió el pie entre sus piernas y le frotó con él el sexo. Yo estaba en el cielo, tenía al alcance de mí boca el coñito de la esclava y el pie de mi ama.

            -Gracias ama. Gimió entrecortadamente la esclava. Que meneaba su culito al compás del pie.

            -Mi coño no aguanta más, quiero correrme en tu adorado pie, amita.

            -Si ensucias mi piececito con tu corrida lo vas a limpiar con la lengua.

            -Si ama. Si, si mi amita…  Gimió la esclava, corriéndose violentamente. Después quedo exhausta a cuatro patas.

            Apartó a la esclava que quedó tendida en el suelo besando el otro pie del y con su mano metida entre las piernas, como tratando de retener el orgasmo salvaje que acababa de tener. El ama alargó hacia mí el pie con el que la había masturbado.

 –Límpiame la corrida de la esclavita.

Lamí el pie hasta que consideró que estaba bien limpio.

Dirigiéndose a la esclava le dijo.

            -Cómele el coñito a tu ama.

            La esclava se arrodilló y comenzó a lamer el sexo del ama. Esta colocó sus pies sobre los hombros de la esclava.

-Chúpame los pies. Me dijo. Yo me coloqué detrás de la esclava y comencé a chuparlos. Mi polla tropezaba con los piececitos y las nalgas de la esclava. No pude aguantar más,

Agarre las tetitas de la esclava y froté mi polla contra ella.

-El cerdo del esclavo me está haciendo marranadas. Protesto.

El ama con su mano volvió a bajar hacia su coño la cabeza de la esclava.

 –Cállate y sigue comiendo, zorrita. Y hazte una pajita así te quedaras tranquila.

La esclava metió su mano entre las piernas y comenzó a masturbarse.

-Ven esclavo, chúpame las tetitas.

Me incorporé y lamí sus pechos y pezones, mientras el ama gemía. Después empujo mi cabeza hacia su sexo y abrió más las piernas. Con una mano en la cabeza de cada uno las separó levemente –Escupe en mi coñito, esclavita. La esclava escupió y volvió a apretar nuestras caras contra su coño. Lamimos los dos hasta que se corrió gritando.

-Tomad. Tomad mi corrida los dos, comérosla.

Después de haberse corrido sentó a la esclava a su lado, besándola y acariciándola.

-¿El puto esclavo te hacia marranadas?

-Si ama restregó su viciosa polla contra mí.

El ama abrió sus piernas y las de la esclava, mostrándome los dos húmedos chochitos. Acarició el de la esclava.

-Menéatela para nosotras.

Me masturbé mostrando bien mi sexo como quería mi ama.

-Lámele los pies a la esclavita.

Así lo hice, y el ama me dio también sus pies para que los lamiera.

-Túmbate boca arriba, puto esclavo.

Hizo que la esclava se levantara y sentara en mi cara, cuando estaba a punto de llegar a mí, el ama le escupió en el chochito.

-Castígale esclavita, que se coma todos tus jugos. Pellízcale los pezones.

Yo que seguía masturbándome, noté como el ama apartaba mi mano con su pie y me frotaba la polla. Rápidamente no pude aguantar más y eyaculé.

La esclava se levantó y fue a sentarse a los pies del ama.

LA FAVORITA.

Publicado el 21 de Agosto de 2009

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Acudí a la llamada de mi ama entrando en la sala desnuda y con mis ataduras de esclavo. Mi ama estaba sentada en una silla, vestida con unas braguitas de cuero y un corpiño que elevaba y dejaba ver sus impresionantes y deseadas tetas, llevaba guantes largos e iba calzada con las viejas y gastadas sandalias que son mis favoritas. A su lado estaba la eslava sentada en el suelo. Solo llevaba unas sandalias y una correa al cuello con cadena que mi ama sujetaba en su mano.

Cumpliendo las normas, me acerque, me arrodillé salude a mi ama besándole los pies y el sexo. Me quedé de rodillas con las manos atrás exponiendo bien mi pecho y los genitales, para lo que mi ama deseara.

Nuestra dueña ordenó a la esclava que se tumbara hacia atrás y que abriera bien las piernas.

-Bésala en los labios, dijo mi ama. Yo entendí su ironía y le besé el coño.

-Beso con lengua, siguió ironizando. Así que lamí y metí mi lengua en su vagina.

La esclava gimió y mi ama poniéndose en pie, colocó su pie descalzo en mi nuca, aplastando mi cara contra el sexo de la esclava.

-Eso es, ponme a la gatita caliente y con el coño bien húmedo.

Seguí lamiendo hasta que la esclava pidió permiso para correrse.

-Aún no, antes tienes que darme placer a mí. Hoy eres mi favorita.

Mientras decía esto, aparto mi cabeza de entre las piernas de la esclava y tirando de la cadena hizo que se incorporara y la besó en la boca.

Me ordenó que cogiera la botella y dos copas. Tirando de la cadena del cuello de la esclava y agarrándome a mí de la polla, hizo que la siguiéramos hasta su habitación.

Al llegar a la habitación empezó a besar y acariciar a la esclava, mientras me ordenaba que les sirviera bebida.

Las serví como me había ordenado. Las dos estaban de pie junto a la cama y mi ama seguía besando y acariciando a la esclava que se ofrecía sumisamente con placer. Me ordenó que lamiera los pechos de la esclava y mientras tanto ella la masturbaba. La esclava abrió obscenamente las piernas y adelanto su sexo –Gracias, ama. Conseguía decir entre suspiros y gemidos.

Nuevamente no permitió que se corriera a pesar de las súplicas de la esclava. Me ordenó que la fuera desnudando paso a paso, mientras la esclava besaba y lamía las partes que yo iba dejando libres.

-Vas a darme mucho, mucho placer gatita caliente. Vas a darme un orgasmo memorable y yo te regalaré mi corrida.

Cuando termine de desvestirla me ató las manos atrás y los pies juntos.

-Ahora me sobran las pollas. Me dijo, dándome una dolorosa palmada en la mía.

Me hizo poner de rodillas a los pies de la cama y se sentó en ella mandando a la esclava que lamiera sus pies. Ordenó a la esclava que se masturbara, mientras ella también lo hacía.

Hizo que la esclava se subiera a la cama y arrodillada una frente a otra se masturbaron mutuamente, acariciándose y besándose hasta que se corrieron.

Ante aquel espectáculo yo estaba tremendamente excitado, pero inmovilizado, por lo que trataba de restregar mi polla contra la cama.

Después se tumbó requiriendo a la esclava para que hiciera lo mismo. Se abrazaron besándose y entrelazando sus piernas, de manera que podían frotar su coñito contra el muslo de su compañera.

Después hicieron la tijera frotando coñito con coñito. Mi ama me ordenó que me acercara. Atado como estaba tuve que reptar para llegar hasta ellas. Mi ama me amenazó diciendo que si se corrían antes de que yo llegara, me azotaría sin piedad la polla y no podría hacerme pajas en mucho tiempo.

Finalmente llegué hasta ellas y metí mi cabeza entre aquellos dulces coñitos que se frotaban mutuamente buscando el orgasmo. Lamí hasta que, entre gemidos, se corrieron.

Mi ama me desató las manos, con lo que yo pude hacer lo mismo con los pies.

-Te has portado bien esclavito. Te permito que te des gusto con nuestros pies.

Las dos se tumbaron abrazadas y yo lo hice a sus pies, que ellas entrelazaban. Lamí, chupe, froté mi polla y me masturbé con ellos, mientras me animaban para que me corriera:

-Lame cerdo.

-Comete los quesitos de mi esclavita, esclavo chupapies.

-Frota tu sucia polla contra mis pies, puto esclavo.

-Córrete en mis piececitos.

-Queremos ver como te corres.

Finalmente me corrí liberando toda la excitación que había acumulado.

-Amita, mira como se corre el esclavo calentorro.

-¡Así! Suelta tu semen.

Después, mi ama ordenó que les limpiara los pies y que yo fuera a lavarme, mientras ella se quedaba con su favorita.

EXHIBICIÓN.

Publicado el 17 de Agosto de 2009

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Mi ama me llamó a su presencia. Cuando entré me encontré al ama completamente desnuda, con las piernas cruzadas y pude ver como sus anillados pezones me apuntaban. Sentada en el suelo y apoyando la cabeza sobre sus piernas tenia a la esclava, también completamente desnuda. Mi ama sostenía una copa en una mano y con la otra acariciaba las decoradas coletas y las tetas de la esclava.

 Me ordenó que me arrodillara delate de ella. Sin darme tiempo a más, me dijo que querían verme masturbarme. Mientras abría sus piernas mostrándome su sexo me ordenó – Mira y machácatela para nosotras, puto esclavo.

     Yo comencé a meneármela con verdadero deseo de correrme ante lo que estaba viendo. Mi ama cogió una mano de la esclava y con ella se acarició el coño y se metió el dedito que me dio para que lo chupara.

     Mientras me daba su pie para que lo besara y lamiera y me acariciaba todo el cuerpo con él, me dijo que tenía una sorpresa para mí. Que había invitado a varias amigas para que yo les diera gusto.

     

     Imaginé muchos piececitos de nenas esperando mis caricias y mis lametones, muchos cuerpos caprichosos usando mis manos y mi lengua para darse placer, varios coñitos que debería comer uno detrás de otro de las formas y posturas que cada una me exigiera y que se irían corriendo en mi cara y mi boca o en cualquier parte de mi cuerpo a su disposición hasta dejarme como un pañuelo que todas hubieran usado para limpiarse el chochito. Todo ello me excitó muchísimo, pero quizá lo que más el componente de exhibicionismo que conllevaba.

     Mi ama se dio cuenta de mi excitación y tirando de la cadena de mi cuello me acercó a ella y pellizcándome los pezones me increpó  –Puto esclavo pajillero, veo que te excita comerte otros chochitos que no sean el de tu ama.

     -Lo que más me excita es que tú me mirases ama. Respondí

     Me dio una bofetada –Pues ahora voy a verte bien cerdo exhibicionista.

     Poniéndose de pie cogió un látigo y me acercó a gatas hasta la esclava. Ordenó a esta que se tumbara hacia atrás

     -Ahora voy a verte lamer pies. Límpiaselos con la lengua a la esclava.

     Durante un buen rato lamí sus pies por todas partes, chupé los deditos uno a uno y todos a la vez, introduje mi lengua en los deliciosos huecos ente los dedos. Todo ello según mi ama me iba ordenando con azotes de látigo.

     Cuando consideró que era suficiente tiró de la cadena y empujó mi cabeza contra su sexo, restregándolo mi cara contra él.

     

     -¿Quieres que te vea comer coños? Voy a verte lamer hasta que te hartes.

     Con su pie abrió las piernas de la esclava y acariciándole con el chochito me ordenó que se lo comiera.

     Yo me incliné sobre él y comencé a lamer. Mientras me azotaba con su látigo, puso su pie sobre mi espalda empujándome entre las piernas de la esclava.

     -Y tú, putita, ni se te ocurra correrte sin mí permiso.

     Lamí el coñito y todos sus alrededores mientras la esclava gemía. Cuando la esclava pidió permiso para correrse mi ama tiró de la cadena y me levantó. Con su pie masturbó a la esclava que se corrió.

     -Córrete ahora, perrita caliente.

     Mi ama me dio el pie –Límpialo bien con tu lengua.

     Cuando consideró que estaba bien limpio me ordeno que hiciera lo mismo con el coñito de la esclava.

     Me ordenó que me tumbara boca abajo –Así que te pone caliente comer chochitos ¿eh? Me dijo mientras se colocaba en cuclillas delante de mi cara y se acariciaba el sexo, humedeciendo sus deditos en mi boca. –Lame ahora esclavito.

     Di unos lametones y mi ama se sentó en el suelo ligeramente recostada hacia atrás. Tiró de la cadena de mi cuello y me hizo reptar hasta llegar a su coño –Haz que me corra puto esclavo. Comencé a lamer y chupar buscando el orgasmo de mi ama.

     Ordenó a la esclava que se sentara sobre mi espalda para lamer las tetas del ama. Esta, nos daba órdenes de cómo darle gusto y comenzó a gemir. Yo sentía el húmedo coñito de la esclava frotarse contra mi espalda así como mi ama restregaba el suyo contra mi cara con un ritmo cada vez más intenso hasta que se corrió en mi boca y mi cara.

     Cuando se recuperó, se incorporó y nos ordenó que permaneciéramos de rodillas uno frente a otro.

     -Este esclavo comecoños se lo está pasando muy bien, así que habrá que castigarlo un poco.

Me colocó unas pinzas en los pezones y tiroteó un poco de la cadena que las unía. Se acercó a la esclava y besándola en la boca le preguntó si quería correrse otra vez. Esta asintió y mi ama hizo que se pusiera de pie, la acercó a mí y hundió mi cabeza en su coño. La esclava frotó su coñito contra mi cara, mientras sujetaba mi cabeza con sus manos. Mientras tanto el ama torturaba mis pezones y manoseaba mis testículos y mi polla.

Me ordenó que me masturbara y poniéndose en pie, cogió mi cabeza y esta vez fue ella la que me hundió entre sus piernas y se frotó buscando placer.

Varias veces se alternaron en poner su coñitos en mi boca mientras se besaban y acariciaban, hasta que la esclava pidió permiso para correrse.

-Llénale la cara con tu corrida y méate en el, putita.

Así lo hizo sentí como se frotaba vigorosamente y se corría gimiendo, acto seguido se meó sin apartar mi cara de su coño. Sentí como sus orines bajaban por mi cuello y mi pecho hasta mi sexo excitándome aún más.

Fue mi ama quien inmediatamente hizo lo mismo, corriéndose y meándome en mi cara mientras me ordenaba que me corriera. Yo obedecí.

Mientras mi ama besaba a la esclava esta me dio unos golpecitos con el pie en la polla.

-El puto esclavo se ha corrido el muy cerdo, ama.

Mi ama puso su pie en mi cara y me empujó –Vete a lavarte marrano.

También obedecí.

LIMPIEZA.

Publicado el 14 de Agosto de 2009

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             Aquel día mi ama me mandó limpiar y ordenar su vestuario. Me dio las órdenes precisas de lo que quería y me dejó solo.

            -Tengo que atender asuntos que no te importan, así que no salgas sin que yo te lo ordene.

            Me quede cumpliendo sus órdenes. Aquellas ropas me iban excitando, las olía y acariciaba.

            Cuando llegué a sus sandalias no pude más y comencé a lamerlas y a masturbarme. En ese momento llegó inesperadamente mi ama. Venia enmascarada, con un excitante vestido, botas altas y guantes largos.

            -Cerdo esclavo. Puto pajillero, otra vez meneándotela sin mí permiso.

            Todo esto lo decía mientras me azotaba sin piedad con un látigo que había venido a coger.

            Me ató a un poste, con las manos atrás y sentado en el suelo. Se quito las braguitas y me las metió en la boca. Volvió a azotarme el pecho y la polla.

            -Ahora voy a sentarme en la cara de otro esclavo, cuando termine vas a recibir tu castigo de verdad.

            Se fue dejándome atado y amordazado.

 Al cabo de un rato volvió. Se había quitado el vestido, pero aún tenía la máscara las botas y los guantes.

            Se acercó a mí, me quito las bragas de la boca y agachándose hizo que le lamiera las tetas, después me hizo bajar por su vientre y su pubis, sus ingles y el interior de sus muslos y, finalmente, apretó y restregó su coñito contra mi cara.

            -Me he corrido en la cara del esclavo, pero no ha sido suficiente, sigo muy caliente y tú vas a solucionarlo.

            Con mi cabeza cogida con sus dos manos, froto rítmicamente su coño contra mi cara hasta que se corrió, gimiendo y frotándose espasmódicamente.

            -Ahora estoy más relajada para castigarte. Me dijo cuando se apartó.

            Me puso unas pinzas en los pezones y comenzó a azotarme por todo el cuerpo mientras me increpaba e insultaba. A cada uno de sus azotes yo debía responder perdón mi ama.

 

            Cuando cesó el castigo, se sentó en una silla delante de mí. Se quito las botas y restregó sus pies contra mi cara.

            -¿Deseabas mis piececitos? ¿Eh?  Puto esclavo salido.

            Bajó uno de sus pies por mi cuerpo hasta mi polla y la pisó contra el suelo.

            -¿Tu viciosa polla quería tocar mis dulces pies?

            Metió su pie en mi boca y comenzó a masturbarse.

            -Aún sigo caliente. Hoy vas a comerte muchas corridas mías.

            Me desató del poste y me hizo tumbar boca arriba, se sentó sobre mi vientre, haciéndome flexionar las piernas para apoyar su espalda en ellas ofreciéndome su adorado coñito y me ordenó que la masturbara. Fue guiándome como quería que se lo hiciese, cada orden iba acompañada de un tirón de la cadena de las pinzas que unían mis pezones.

            -¡Ahora! Me voy a correr ahora.

            Y sentándose en mi cara froto su húmedo sexo contra ella hasta que se corrió.

            -Me corro en tu cara, puto esclavo. Toma mi corrida, trágatela.

            Cuando terminó su orgasmo se sentó en mi pecho, de manera que otra vez su abierto sexo se exponía delante de mi cara.

            -¿Tienes algo que decirle a tu amita?

            -Gracias por tu corrida ama.

            -¿Te gustan las corridas de tu ama, eh, comecoños calentorro?

            -Me alimentaría solo de ellas mi ama.

            -Pues mi castigo es, que solo podrás beber y comer, aquello que yo haya tocado antes con mis pies o mi coñito. Por cierto, había interrumpido una de tus asquerosas pajas. Puedes continuar. Quiero ver como este esclavito vicioso se corre para su amita.

            Comencé a masturbarme, mientras mi ama se colocaba de pie con mi cabeza entre sus piernas abiertas. Ella, provocadoramente se acariciaba el sexo y de vez en cuando descendía hasta que mis labios lo tocaban durante un instante.

            -Ama, me voy a correr. Grite.

            -¿No puedes aguantarte asqueroso pajillero?

            -Me va a estallar la polla, ama.

            -Pues eso es lo que voy a hacerte cerdo.

            Y diciendo esto se sentó nuevamente sobre mi cara, pero esta vez mirando hacia mis piernas y apresando mis brazos debajo de sus rodillas. Empezó a azotar mi polla con su mano haciendo que me corriera en una mezcla indescriptible de placer y dolor.

            Se levantó y yo me quedé tendido, exhausto.

            -Gracias ama, gracias.

            Colocó su pie sobre mi cara.

            -Bésalo y lávate, eslavo.

DEPUÉS DE LA FIESTA.

Publicado el 11 de Agosto de 2009

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            El ama me había dejado atado y suponía que a la esclava también, puesto que no la vi en ningún momento. Cuando el ama regresó la oí taconear por el pasillo, y al cabo de un tiempo regreso con la esclava cogida por la cadena del cuello. Igual que yo, estaba desnuda con muñequeras, tobilleras y correa al cuello. Pero mi ama le había decorado el pelo con prendedores y pinzas de colores, las coletas atadas con gruesas gomas también de varios colores y maquillaje gótico. Me resultó muy excitante. Mi ama llevaba el vestido y las joyas con que se había ido a la fiesta.

            Mi ama comenzó a besar y acariciar a la esclava, manoseándole las tetas y el sexo y dándole algunas palmadas en las nalgas. La esclava se dejaba hacer gimiendo levemente. Nos dijo que en la fiesta de la que venía se había puesto muy caliente, y que iba a usarnos de consoladores para correrse todas las veces que necesitase.

            Después me toco a mí ser sobado, mientras la esclava miraba. Tomó un látigo, me desató y cogiéndonos de la correa nos llevó hasta el sofá donde se sentó, quedando la esclava y yo de rodillas frente a ella. Cada uno besamos y lamimos uno de sus pies mientras azotaba nuestras nalgas con su látigo. Nos ordenó que la descalzáramos para lamer y chupar sus pies mientras ella se masturbaba. Durante un buen rato fuimos sus juguetes eróticos con los que se divirtió, a mi me puso unas pinzas en los pezones, nos ordenó masturbarnos, que la esclava chupara mi polla, que yo lamiera los pies de la esclava y después su coñito mientras el ama la masturbaba con su pie, siempre moviéndonos a golpe de látigo para que pudiera verlo bien todo.

            El ama se quitó las bragas que dio a la esclava para que se masturbara primero mientras las olía y después frotándose el chochito con ellas mientras yo lamía el coñito de mi ama. Después me las pasó a mí para que me masturbara oliéndolas mientras se quitaba el vestido.

            Nos dijo que quería correrse, por lo que volvimos a lamer sus pies. Alternativamente nos ordenaba que chupáramos sus tetas o que subiéramos por sus piernas hasta su coñito y lo lamiéramos, otras veces que se lo comiéramos los dos a la vez. Cuando estaba a punto de correrse nos dijo que sería la esclava quien tendría el privilegio de comer su corrida y yo debería lamer sus pies.

            Mi ama apretó la cara de la esclava contra su coñito y metió entero su pie en mi boca. Pude ver como se corría mientras abría y cerraba los deditos de su pie dentro de mi boca al ritmo de su orgasmo. Todo ello fue tan excitante que mojé mis dedos en el chochito de la esclava para masturbarme.

            El ama apartó la cabeza de la esclava y me dijo que me había masturbado sin que me lo ordenara y que debía ser castigado. Tirando de la cadena que unía las pinzas de mis pezones ordenó que limpiara bien con mi lengua el interior de sus muslos, su pubis y su sexo hasta dejarlos bien limpios mientras la esclava me azotaba con el látigo.

            Cuando consideró que el castigo había sido suficiente dijo que debía premiar a la esclava por haberle dado placer. La sentó sobre sus muslos mirando hacia mí y comenzó a acariciarle las tetas y el coño diciéndole que todos queríamos verla correrse. La esclava comenzó a gemir.  Me ordeno que le comiera el coño y lamí hasta que se corrió en mi cara, mientras el ama acariciaba sus tetas y pellizcaba sus pezones.

            Volvimos a estar los dos de rodillas frente al ama que nos dijo que aun estaba caliente y quería correrse una vez más. Poniéndose de pie y abriendo las piernas, nos hizo lamer sus pies e ir subiendo por sus pantorrillas y muslos lentamente. Esta vez me toco a mí llegar a su coñito mientras la esclava besaba sus nalgas. Apretó mi cabeza contra su sexo y restregó enérgicamente su chochito por toda mi cara hasta que se corrió.

            Esta vez era yo quien merecía el premio y para ello tenía derecho a darme placer con los pies de la esclava. Esta se sentó ofreciéndome sus pies. Yo los lamí y me masturbé con ellos. Mi ama se sentó al lado de ella ambas se besaban y acariciaban y mi ama acariciaba con sus pies los de la esclava, por lo que también yo los lamía. De manera que terminé por correrme.