Sobre Atenea

Pensé que esta entrada merecía ser designada como "artículo especial" por lo que la moví hasta acá, mis disculpas a quienes habían comentado acá.

 

Como todo buen blog personal, siempre hablaré sobre mis puntos de vista y experiencia, por loq ue considero necesario, que al menos a grandes rasgos me conozcan.

Soy bastante joven, lo que hace que mi mente aún sea algo difusa (me pregunto si alguna vez deja de serlo. Espero que no). Como buena neonata, soy algo rebelde, no para llamar la atención, sino que me niego a aceptar que alguien más dicte lo que yo tengo que sentir y/o hacer.

En evolución y experiencia diríamos que soy de lo más normal, a pesar de que conciente o inconcientemente he buscado apartarme de la norma, uno siemrpe vuelve a lo conocido y digamos "seguro".

El BDSM para mí fue descubrir algo que ya estaba. Me hace pensar en las teorías platónicas del conocimiento innato, a pesar de que lo deteste con toda mi alma.

Siempre tuve una forma especial de relacionarme con la gente, pues desde chica fui tímida (muy tímida) y la vida me fue moldeando de alguna forma. Un día desperté y me dí cuenta que eso no era lo que quería para mí...y bueno, lo cambié. Desde entonces tengo una enorme fe en el poder de la mente humana y me neigo a aceptar conceptos como el destino o determinismo. Señores, parto de la base, para mí indiscutible, de que todo se puede cambiar con la voluntad humana, sin olvidar que  ni al materia ni las experiencias se crean ni se destruyen, sino que se transforman.

Si tuviera que definir mi vida como quién escribe un libro de historia describiría cuatro etapas: inocencia, pérdida de la inocencia, aceptación de la perversidad, disfrute de la misma. Y con perversidad no me refiero exclusivamente al sadismo o al BDSM, sino a toda la realidad humana.

Como ya he dicho antes, msi iniciaciones sexuales fueron turbulentas, dolorosas y quizás algo traumáticas, pero con el tiempo logré aceptarlas como parte de mi personalidad y pasado. Y hoy las quiero, quiero todo lo mío, lo bueno y lo malo y he aprendido a disfrutar cada momento y a intentar sentirme cómoda.

Si me ven, parezco cualquier cosa menos dominante. Soy baja, soy tímida, soy para muchos, una niña. Pero para mí el BDSM es mucho más que sexualidad y poder: es estética, es autoconocimiento, es aceptación, es la vida. Es la eterna lucha del humano por apartarse de un cánon para entrar a otro y es la eterna lucha por liberarse de las cadenas que él mismo se ató.

Por eso, les pido que al entrar a este blog dejen las preconcepciones de lado y se permitan, como yo, mirar el BDSM de cabeza, mirarlo desde la cotidianeidad, desde el putnod e vista del vainilla, del canela, del hombre, de la mujer, del niño, del liberto, del conservador, del lujurioso, del travieso, del tranquilo, del tímido, del masoquista, del sádico, del dominante, del sumiso, y aprender a reconocer dentro de cada polo a su propio opuesto.

Señores, tomen asiento, que ésta es mi montaña rusa.